Partido Socialista Argentino              por el Frente Popular

recuperacion Socialista

Buenos Aires- Primera Edición: 1º de Mayo 2007 

 

EL MODELO AGROPECUARIO Y LAS POLITICAS DE ESTADO
Mayo 2011

                A raíz de las declaraciones del Ministro de Agricultura  (*)  el diario La Nación exponente y vocero de la tradicional oligarquía terrateniente y ganadera la Argentina a lo largo del siglo XX puso el grito en el cielo a pesar de las declaraciones del Ministro a de que el gobierno no piensa en intervenir en el comercio exterior de granos, recreando la Junta de Granos o algo similar. El diario (Campo, 16/04/11) publica opiniones de ex gerentes y funcionarios de la JNG denostando las funciones de la Junta (que nunca fue monopolio del comercio de granos) y condenando de paso la política de precios sostén que ejecutaba la Junta.
                La disolución de la Junta en 1991 por decreto de Menem-Cavallo implicó el remate de los puertos y elevadores de granos que tenía la Junta en todo el país. Fue parte del saqueo a que fue sometido el país durante la década que terminó con el caos económico en el 2001.
                La nota del diario que comentamos defiende a ultranza el modelo implantado desde entonces que está controlado por las multinacionales encabezadas por Cargill, a través del sistema del Mercado a Término que les permite manejar y controlar en forma global, la exportación agrícola de Argentina, Brasil, Uruguay, con base en los Estados Unidos donde tiene la sede Cargill la empresa más grande del mundo en este sector.
                La participación del Estado en el comercio exterior (no el monopolio), es uno de los puntos clave de una política nacional de Estado, no de un gobierno en particular, así como lo es en los sectores de los recursos energéticos, la siderurgia y otros sectores fundamentales que se han destruido y abandonado como los ferrocarriles y los astilleros. Argentina no tiene hoy un solo barco mercante propio como lo tenía en décadas anteriores.
                Sin una participación del Estado en el control de estos sectores, no en forma monopólica, pero sí dominante, no hay ninguna posibilidad de que el país mantenga un crecimiento y desarrollo económico sostenible precisamente por el drenaje de capital y trabajo que implica el dominio de las empresas extranjeras en estos sectores claves de la economía, a lo que habría que agregar el sistema bancario que ha logrado –según datos oficiales - ganancias  por 11.000 millones de pesos durante el año 2010.
                Sin una política de Estado sobre esos ejes principales que dan sustento a una nación soberana en lo económico, el modelo actual que lleva adelante el gobierno no es sustentable.
                Es un país quebrado en sus comunicaciones internas por la desaparición del ferrocarril que ha generado un sistema de transporte exclusivo por camión que ha colapsado las rutas, que es más contaminante y antieconómico respecto al ferrocarril.
               
¿Es posible una Junta?
                La Junta funcionó en muchos momentos del pasado y según las circunstancias exteriores cumplió un rol fundamental garantizando el mercado interno y el precio sostén de los agricultores de menor escala de producción, coexistiendo con las cooperativas ACA, FACA y AF y con algunas multinacionales.
                Pero hoy,  distintos sectores económicos y políticos que durante décadas apoyaron el sistema, consideran que implantar un Junta es algo “revolucionario” que la mayor parte de la colectividad política actual representada en el Congreso no lo aprobaría.
                Menos aún si el Estado quisiera  recuperar los recursos petroleros y de gas que remató el gobierno Menem-Cavallo. En este sentido, la Oposición al gobierno coincide con la política oficial.
                El modelo no es sustentable en el mediano plazo porque el Estado actúa en forma fiscalista en relación a las multinacionales de la exportación y con los grandes productores terratenientes, pools de siembras, etc. que manejan el grueso de la producción y el acopio de los granos, captando una parte de la renta agraria mediante las retenciones. Las exportadoras se quedan así con el negocio de la exportación.
                Pero es más, empresas como Cargill controlan parte de la producción y del acopio; entre las multinacionales y un puñado de empresas nacionales controlan la cadena agroalimentaria argentina.
                Algo similar sucede con la carne y las lanas.
                El gobierno se inclina al parecer por favorecer la formación de empresas de capitalistas nacionales para que participen en la exportación además del cooperativismo agrario.
                Los Grobo, los Elztain, los pools de siembras, y los nuevos capitalistas nacionales que han crecido como grandes capitalistas nacionales como Britos del Banco Macro, Eskenazi, Cristóbal López, Ferreyra y otros, podrán constituir empresas exportadoras que recibirán automáticamente los permisos de exportación de la ONCCA reciclada en el Ministerio de Economía.
                Las Cooperativas, venidas a menos en las últimas décadas, integradas por pequeños productores que representan una parte mínima de la producción, podrán ser favorecidas a partir de la nueva política del gobierno.
                ¿Pero a quién favorece más el gobierno con su política de capitalistas argentinos?
                ¿Qué es lo que le impide al gobierno restituir gradualmente la participación del Estado en el comercio exterior asegurando un precio sostén y garantizando el suministro del mercado interno mediante una Junta Nacional y Federal de Granos?
                ¿Acaso los grandes capitalistas nacionales productores de lo principal de la soja podrán prescindir del control de las multinacionales?
                ¿Podrán existir otras empresas como la nacional AGD productora, industrial y exportadora que disminuyan la dependencia de Cargill, Bunge, Dreyfus, Nidera, etc.?
                En otros sectores agrarios agroindustriales como en la exportación de frutas por ejemplo, existen empresas de capitalistas nacionales productores y exportadores pero las principales son extranjeras como UNIVEG (peras y manzanas), San Miguel, Citromax (limón) Ayui (naranjas), etc.
                Lo mismo sucede con los frigoríficos que son brasileños y norteamericanos y unos pocos de capitalistas nacionales.
                Nosotros decimos que sí es posible recrear una Junta Nacional de Granos, con participación de entidades representativas de los productores, monitoreada por  una Comisión del Congreso Nacional  cuyas autoridades sean designadas por el Congreso.
                Una Junta que hará una política diseñada por una nueva ley que le otorgue funciones de defender el p recio de los agricultores e intervenir en el comercio internacional  y garantizando el abastecimiento interno.
                Una Junta que pueda acopiar en el campo favoreciendo a los agricultores que hoy son cautivos de Cargill y de otras compañías extranjeras que le venden la semilla y los agroquímicos y los esperan con el camión en la tranquera.
                El gobierno actual que proclama una política nacional y popular aún tiene la oportunidad de comenzar a cambiar los ejes de la dependencia argentina en el comercio exterior de granos de donde provienen la mayor parte de las divisas. Y de iniciar una nueva relación con el “campo” que no es uno solo, sino que está poblado por más de 150.000 productores minifundistas, pequeños y medianos, pero que está dominado por la nueva gran burguesía campesina que se ha enriquecido a lo largo de la década con la producción sojera, aliada a las multinacionales exportadoras.
                Si opera los cambios, gobierno tendrá el apoyo de la mayoría de los sectores populares y de los productores que no están recibiendo los beneficios de ésta llamada Segunda Revolución de las Pampas.
                Si por el contrario intenta integrar nuevos capitalistas nacionales en el comercio de granos, solo logrará aumentar la dependencia para beneficio de unos pocos.
                Hasta hoy las retenciones, que con una Junta de Granos desaparecen, solo han beneficiado a feed lots, frigoríficos o molinos trigueros, y no han evitado que  el precio de la carne, el queso, la leche y el pan estén como en las épocas más funestas de la economía argentina.-