Partido Socialista Argentino              por el Frente Popular

recuperacion Socialista

Buenos Aires- Primera Edición: 1º de Mayo 2007 

 

 

"El gran mérito de la filosofía de Hegel fue que, por primera vez, la totalidad de los aspectos natural, histórico y espiritual del mundo, se concibieron y representaron como un proceso de transformación y desarrollo constantes, y se hizo un esfuerzo para mostrar el carácter orgánico de este proceso".    F.Engels

"............El  Poder Ejecutivo del Estado moderno no es más que un comité para dirigir los negocios comunes de toda la burguesía". Manifiesto. 1848

Textos del ANTIDUHRING de Federico Engels

Por su contenido, el socialismo moderno es, en primer término, fruto del estudio, por un lado, de los antagonismos de clase que imperan en la moderna sociedad entre poseedores y desposeídos, burguesía y obreros asalariados y, por otro lado, de la anarquía que reina en la producción. Pero, por su forma teórica, el socialismo empieza presentándose como un desarrollo, en apariencia más consecuente, de los principios proclamados por los grandes enciclopedistas franceses del siglo XVIII. Como toda nueva teoría, el socialismo, aunque tuviese sus raíces en los hechos económicos, hubo de empalmar, al nacer, con las ideas existentes.
Los grandes hombres que en Francia ilustraron las mentes para la revolución que había de desencadenarse, adoptaron ya una actitud resueltamente revolucionaria. No reconocían autoridad exterior de ningún género. La religión, la concepción de la naturaleza, la sociedad, el orden estatal: todo lo sometían a la crítica más despiadada; cuanto existía había de justificar los títulos de su existencia ante el fuero de la razón, o renunciar a seguir existiendo.
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Entretanto, junto a la filosofía francesa del siglo XVIII, y tras ella, había surgido la moderna filosofía alemana, a la que dio cima Hegel. El principal mérito de esta filosofía es la restitución de la dialéctica, como forma suprema de pensamiento. Los antiguos filósofos griegos eran todos dialécticos innatos, espontáneos, y el talento más universal de todos ellos, Aristóteles, había llegado ya a estudiar las formas esenciales del pensar dialéctico.

Si nos detenemos a pensar sobre la naturaleza, o sobre la historia humana, o sobre nuestra propia actividad espiritual, nos encontramos de primera intención con la imagen de una trama infinita de concatenaciones y mutuas influencias, en la que nada permanece siendo lo que era, ni como y en donde era, sino que todo se mueve y cambia, nace y caduca. Esta concepción del mundo, primitiva, ingenua, pero en esencia acertada, es la de los antiguos filósofos griegos, y aparece expresada claramente, por vez primera, en Heráclito: todo es y no es pues todo fluye, se halla en constante transformación, en incesante nacimiento y caducidad.

Los objetos y sus imágenes en el pensamiento, los conceptos, son para el metafìsico objetos de investigación aislados, fijos, inmóviles, enfocados uno tras otro, como algo dado y perenne.
Para él una cosa existe o no existe: un objeto no puede ser al mismo tiempo lo que es y otro distinto.  La causa y el efecto revisten, asimismo, la forma de una rígida antítesis.
A primera vista, este método especulativo nos parece extraordinariamente plausible, porque es el llamado sano sentido común............
y el método metafísico de pensar, por muy justificado que esté y hasta por necesario que sea en vastas zonas, más o menos extensas, según la naturaleza del objeto de que se trate, tropieza siempre, tarde o temprano, con una barrera franqueada la cual se torna unilateral, limitado, abstracto, y se pierde en insolubles contradicciones, pues, absorbido por los objetos aislados, no alcanza a ver su concatenación;.

Del mismo modo, todo ser orgánico es, en todo instante, el mismo y otro; en todo instante va asimilando materias absorbidas del exterior y eliminando otras de su seno; en todo instante, en su organismo mueren unas células y nacen otras; y, en el transcurso de un período más o menos largo, la materia de que está formado ese organismo se renueva radicalmente, y nuevos átomos de materia vienen a ocupar el lugar de los antiguos, por donde todo ser orgánico, es al mismo tiempo, el que es y otro distinto.
..........la dialéctica concibe las cosas y sus imágenes conceptuales, esencialmente, en sus conexiones, en su concatenación, en su dinámica, en su proceso de génesis y caducidad.
La naturaleza es la piedra de toque de la dialéctica, y las modernas ciencias naturales nos brindan como prueba de esto un acervo de datos extraordinariamente copioso y enriquecido cada día que pasa, demostrando con ello que en la naturaleza, en última instancia, todo sucede de modo dialéctico y no metafìsicamente.
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Esta filosofía alemana moderna alcanzó su culminación en el sistema de Hegel, en el que por primera vez -y ese es su gran mèrito- se concibe todo el mundo de la naturaleza, de la historia y del espíritu como un proceso, es decir, en constante movimiento, cambio, transformación y desarrollo, intentando además poner de relieve la conexión interna de este movimiento y desarrollo.
Contemplada desde este punto de vista, la historia de la humanidad no aparecía ya como un caos árido de violencias absurdas, igualmente condenables todas ante el fuero de la razón filosófica madura y buenas para ser olvidadas cuanto antes, sino como el proceso de desarrollo de la propia humanidad, que al pensamiento incumbía ahora seguir en sus etapas graduales y a través de todos los extravíos, hasta descubrir en medio de todas las eventualidades aparentes las leyes internas por las que se guía.
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Hegel era idealista; es decir que para él las ideas de su mente no eran imágenes más o menos abstractas de los objetos y fenómenos de la realidad, sino que estas cosas y su desarrollo se le antojaban, por el contrario, imágenes realizadas de una "Idea" existente, no se sabe dónde, ya antes de que existiese el mundo. Con esto todo ha sido puesto cabeza abajo, y la concatenación real del universo, completamente al revés.

El materialismo es esencialmente dialéctico y no necesita de una filosofía superior a las demás ciencias. Desde el momento en cada ciencia tiene que poner en claro la posición que ocupa en la concatenación universal de las cosas y en el conocimiento de éstas, no hay ya margen para una ciencia especialmente consagrada a estudiar las concatenaciones universales.
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Sin embargo, mientras el viraje en la concepción de la naturaleza sólo había podido imponerse en la medida en que la investigación suministraba los materiales positivos correspondientes al conocimiento, hacía ya mucho tiempo que se habían producido hechos históricos que imprimieron un viraje decisivo al modo de concebir la historia. En 1831, estalla en Lyon la primera insurrección obrera, y de 1838 a 1842 alcanza su apogeo el primer movimiento obrero nacional: el de los Cartistas ingleses.
Los hechos venían a dar un mentís cada vez más rotundo a las doctrinas económicas burguesas de la identidad de intereses entre el capital y el trabajo y de la armonía universal y el bienestar general de los pueblos, como fruto de la libre competencia. .........la vieja concepción idealista de la historia que aún no había sido desplazada, no reconocía la lucha de clases basadas en intereses materiales, ni intereses materiales de ningún género; para ella, la producción, al igual que todas las relaciones económicas, sólo existía accesoriamente, como elemento secundario de la "historia cultural". Los nuevos hechos obligaron a someter toda la historia anterior a una nueva revisión y entonces se demostró que toda la historia anterior había sido una historia de luchas de clases, que estas clases de la sociedad pugnantes entre sí eran en todas las épocas fruto de las relaciones de producción y de cambio, es decir, de las relaciones económicas de su época; que, por consiguiente, la estructura económica de la sociedad en cada época concreta constituye la base real cuyas propiedades explica, en última instancia, toda la superestructura de las instituciones jurídicas y políticas, al igual que la ideología religiosa, filosófica, etcétera, de cada período histórico. Ahora el idealismo quedaba desahuciado de su último reducto, de la concepción de la historia, sustituyéndolo una concepción materialista de la historia, con lo que se abría el camino para explicar la conciencia del hombre por su ser, y no éste por su conciencia, que hasta entonces era lo tradicional.
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Mas  de lo que se trataba era, por una parte, de exponer ese régimen capitalista de producción en sus conexiones históricas y como régimen necesario para una determinada época de la historia, demostrando con ello también la necesidad de su extinción, y, por otra, de poner al desnudo su carácter interno, oculto todavía, ya que la crítica, hasta nuestros días, se había lanzado más contra las consecuencias calamitosas que sobre el proceso de la cosa misma. Este se puso de manifiesto con el descubrimiento de la plusvalía. Este descubrimiento vino a revelar que el régimen capitalista de producción y la explotación del obrero, que de él se deriva, tenían por forma fundamental la apropiación de trabajo no retribuido; que el capitalista, aun suponiendo que comprase la fuerza de trabajo de su obrero por todo su valor, por todo el valor que representa como mercancía en el mercado, saca siempre de ella más valor que lo que cuesta, y que esta plusvalía, es, en última instancia, la suma de valor de donde proviene la masa cada vez mayor del capital acumulada en manos de las clases poseedoras.
Estos dos grandes descubrimientos: la concepción materialista de la historia y la revelación del secreto de la producción capitalista, mediante la plusvalía, se lo debemos la Marx. Con esto el socialismo se convierte en una ciencia, que sólo nos queda por desarrollar en todos sus detalles y concatenaciones.