REFLEXIONES

Sobre Industria,  tecnología y empleo

 

                En primer lugar hay que decir que la tecnología, es decir, los mecanismos técnicos que se fueron creando desde la Revolución Industrial (y antes también) fueron desplazando mano de obra industrial y campesina, particularmente a lo largo del siglo XX. La lista es muy grande, desde la fabricación de autos, en el transporte, la carga en los puertos, en la industria alimenticia, en fin,  en todos los sectores de la producción y la distribución.

                Los cambios acaecidos se muestran día a día en las grandes y megaciudades.

                Internet ha venido a consolidar el proceso y reemplaza miles de puestos de trabajo.

La excepción sería el clientelismo y el  burocratismo de los Estados, donde  el empleo aumenta.

                Es una gran contradicción que se presenta en las sociedades principalmente en las industrializadas: EE.UU., Europa, China, Rusia, etc.

                En China tienen que crear 100 millones –o más- de empleos por año; no sabemos qué pasa en Rusia con el desempleo. Pero sí  vemos el desempleo en España, Italia y países de Europa oriental. La globalización en la Unión europea trajo grandes progresos y un “Estado de Bienestar” que parece haber llegado hoy a su techo.

                En EE.UU se estaría por producir un cambio en la matriz económica basada en el empleo local, obturando la inmigración.

                Son grandes problemas que tendrán que advertir primero y plantear soluciones después los economistas, científicos, estadistas, etc. de cada país.

                El Papa Francisco lo ha visto con lucidez al problema y ha opinado sobre la economía mundial y el cambio climático que es resultado del  fenómeno que ha provocado la sociedad industrial basada en el petróleo. También ha planteado la cuestión de la guerra en desarrollo que alimenta las grandes corporaciones fabricantes de armamento en EEUU, Rusia y países como Alemania donde al parecer no se registra desempleo.

                El problema de nuestro país debemos encararlo nosotros todos los días.

                A un período de empleo estatal en medio de un estancamiento de la actividad industrial  en los últimos años, le sigue actualmente un proceso donde se busca la competitividad de las empresas para poder insertarse en el mercado mundial, dejando que el mercado asigne los recursos, las inversiones y logre la competitividad, y desaparezcan aquellas en las que es más conveniente importar. Lo que atenta contra el empleo.

                A esta concepción se le opone otra basada en el desarrollo del  consumismo mediante ayudas o subsidios estatales, para cerrar el “circulo virtuoso” de la economía, que habría sido exitoso entre los años 2003 al 2013.

                Lo primero que habría que esclarecer en nuestro país es si nuestra producción agropecuaria y regionales exportable, es suficiente para lograr un superavit comercial perpetuo, y si alcanza para comprar y adquirir todos los productos industriales y bienes de capital que requiere la economía argentina. La experiencia reciente indica que la exportación a china, la exportación de petróleo y gas que se hizo en el período  YPF-REPSOL  permitió que se duplicara el PBI y se distribuyeran subsidios a granel, hasta que se perdió el autoabastecimiento energético y el comercial con China que nos inundó de productos industriales además de chatarra de todo tipo.

                Lo que tenemos que plantearnos en la Argentina es cambiar la relación entre la matriz agrícola, ganadera y la matriz industrial.

                Argentina está desindustrializada. Se ha destruido la red  ferroviaria, la industria naval, no tenemos buques mercantes propios, y las industrias básicas han ido desapareciendo a favor de la importación. Hoy ya no funciona ese sistema. Estamos importando trenes y locomotoras completas y no fabricamos ni un solo repuesto. La industria automotriz de las terminales extranjeras se basa en la importación del 70% de las partes que se ensamblan en el país.

                Es necesario re industrializar el país. En los años ’60 nuestra matríz industrial nacional  era diversificada. La relación con el sector agrícola era equilibrada y el número de habitantes de los ’60 tenía acceso a los bienes generales; había trabajo y escasa desocupación, como resultado de un proceso de desarrollo de la industria  nacional.

               

La tecnología

                Dicho proceso desarrollaba conocimiento y desarrollo tecnológico propio. Generaba técnicos y especialistas, desde los matriceros hasta la fabricación de piezas y repuestos en toda la industria automotriz, ferroviaria, naval, electromecánica etc. , antes de la aparición de Internet. Las Universidades Tecnológicas formaban miles de técnicos e ingenieros.

                Desde luego que los países industrializados llevaron a un desarrollo muy superior su tecnología. Particularmente la industria de la  guerra y armamentos tuvo un creciente desarrollo con la electrónica;  la guerra por el petróleo surgió en los ’70 cuando se creó la OPEP y el petróleo subió de 20 a 80 dólares el barril.  Allí se originó la guerra actual en el mundo árabe (primero Iran versus Irak basado también en la división entre chiitas y sunnitas) y simultáneamente el nacimiento de los Emiratos Arabes,  donde el mundo industrial europeo y de EE.UU. ha creado “pirámides” modernas de tecnología y de lujo.

                Las comunicaciones y el conocimiento se globalizó hasta el punto que hoy conocemos.

                Se multiplicó el comercio internacional y se produjeron las  fusiones  de los grandes grupos industriales, comerciales con el sistema financiero global.

                Aumentó la brecha entre esos países y los productores de materias primas minerales, maderas, alimentos, granos, carnes. etc.

                Argentina no puede vivir con la actual matriz económica y un subdesarrollo creciente de la mayor parte de su territorio y el desarrollo concentrado y en la región metropolitana de Buenos Aires.

                Sin industria Argentina no puede crear empleo a los más de 200.000 jóvenes que año a año tienen que ser incorporados a la producción.

                La nueva tecnología de la informática  no crea trabajo si no hay desarrollo industrial en todo el país. Las provincias deben industrializarse y generar energía propia alternativa al petróleo. El desarrollo geoeconómico  actual del país está deformado, concentrado en un territorio de no más de 1.500 kilómetros cuadrados.

                El “mercado interno argentino” es principalmente en la Región metropolitana, Córdoba y Santa Fe con sus grandes ciudades. El resto del país está prácticamente vacío.

                Es en todas las provincias donde hay que crear fuentes de trabajo industrial y agrícola con nuevos caminos, salidas al Pacífico, energías alternativas y también industrias.

                Los problemas actuales en la Región Metropolitana se agudizarán, no solamente por la droga sino por la falta de empleo o la difusión del trabajo chatarra, parcial, donde se emplea  por horas o por tres meses y luego se prescinde del trabajador, especialmente en las grandes ciudades.

                También es necesario tener una política demográfica que evite que las jóvenes entre 14 y 19 años –según estudios publicados por la prensa en Marzo-  tengan hijos a esa temprana edad.  Y también elaborar una política de no más de dos hijos por familia porque el crecimiento indiscriminado de la población perjudica más a los 10 millones o más de pobres de nuestro país, mientras las clases ricas o de burguesía media controlan la natalidad y pueden educar y formar a sus hijos en mejores condiciones.