EL ESTADO, LOS GOBIERNOS Y LA CORRUPCION

El Capitalismo según La Nación – Campaña contra el Papa Francisco -  

 

 

            El conocimiento vulgar y extendido  identifica al Estado con el Gobierno. Si bien el Estado es la Nación jurídica e institucionalmente organizada, de acuerdo a la historia,  la identificación de un Gobierno con el Estado depende –en cada país- de la estructura que se cristalizó en la conformación de cada Estado/Nación. Que en la Argentina –como en tantos otros- surgió después de una larga guerra civil que llegó al menos hasta 1880.

            Si leemos nuestra Constitución, práctica que debería ser común y amplia en la escuela secundaria, podremos ver el carácter hiperpresidencialista por los poderes que aquella le otorga al Poder Ejecutivo. Lo hemos vivido además por ejemplo en los gobiernos constitucionales desde el ’83 a la fecha:  poder de amnistiar y manejar los recursos nacionales de los impuestos, poder para decidir qué obras públicas se realizan en el país, poder para endeudarse en el exterior, poder para hacer DNU, poder para amnistiar, en síntesis poderes superiores al  Congreso.

            Pero el  Estado, también está constituído por las leyes y los Códigos que se fueron sancionando a lo largo de su historia, leyes que respondieron a la hegemonía política presidencialista.

            La otra “pata” del Estado es el Congreso y el Poder  Judicial estructurados a lo largo de la historia de la Nación Argentina, y las  leyes que principalmente sacralizaron la propiedad privada de los medios de producción y de cambio.

Es en el “juego” entre dichas instituciones: la Constitución, las leyes y los Códigos, el Poder Ejecutivo, el Congreso y el Poder Judicial, en el que se  desenvuelve el sistema democrático representativo; donde juega un rol fundamental  el Poder de los medios de comunicación

            Desde luego que surge de  esos poderes, el Poder económico  desarrollado a través de la historia constitutiva de nuestro país.

            El sistema “representativo” del sistema democrático vigente, delega el poder del pueblo bajo formas indirectas en los órganos legislativos que tienen menos poder que el Ejecutivo y el Judicial.

El Poder emergió así después de una prolongada guerra civil que culminó con el triunfo del roquismo en 1880 con la “federalización” de Buenos Aires, desde el triunfo del Mitrismo contra las provincias federales  y la traición de Urquiza en Pavón.

            Se consolidó así el sistema centralista, unitario, concentrado en el Puerto de Buenos Aires que nos rige. La Cámara de Senadores se pensó como “representante de las provincias”. Es decir, los senadores debían defender los intereses provinciales al margen de sus pertenencias políticas partidarias, cuestión que la historia  y la realidad demostró por el contrario que los senadores son un espejo de la conformación partidaria de los diputados salvo raras excepciones.

 

El Poder económico

            Desde el fondo de la historia la conformación de las ciudades primero y una Nación después, ha sido el resultado de la formación de la clase social dominante, la burguesía.  La historia argentina muestra claramente la formación de una clase terrateniente y burguesa dominante en Buenos Aires y en las provincias de sus representantes de clase. Fueron las Guardias Nacionales del proto ejército argentino de Mitre al regreso del genocidio en el Paraguay, que se impusieron a las fuerzas federales que lucharon por una Confederación Argentina.

            Fue el Ejército y Gobierno del Buenos Aires portuario y probritánico en sus inicios  que poseía toda la renta nacional, importador del armamento moderno de los Estados Unidos y los cañoncitos Krupp de Alemania, que doblegaron a las fuerzas federales y  a los aborígenes argentinos de la Pampa y la Patagonia.

            Quizás fue la batalla que dio Felipe Varela después de su Manifiesto a los Pueblos americanos contra la guerra del Paraguay, y su derrota frente al ejército de Buenos Aires al mando de Taboada en 1867, la que marca el fin de aquella guerra de resistencia contra Buenos Aires.

            Es oportuno recordar que fue hace 150 años que la Guardia Nacional dirigida por Taboada derrotara a Felipe Varela en Pozo de Vargas en La Rioja, terminando con la resistencia federal.

            Se conformó a partir del ultimo cuarto del siglo XIX la clase burguesa de base terrateniente, comercial y bancaria, una oligarquía dominante hasta mediados del siglo XX, quienes construyeron esta Ciudad de Buenos Aires, el Puerto,  el Ejército, y el trazado del ferrocarril de los británicos que cubre la pampa húmeda.

            A partir de entonces fue creciendo el poder económico con la escandalosa distribución de tierras luego de la derrota del indio pampa, con el desarrollo del comercio de importación con Gran Bretaña que fue creando esa clase burguesa y terrateniente.

            El advenimiento del gobierno de Perón en 1946 al finalizar la IIª guerra mundial, condujo a un proceso de industrialización forzosa que había comenzado antes con Mosconi y el general Savio (autor del Plan Siderúrgico)  en Buenos Aires, Córdoba y Rosario, orientó el desarrollo en otra dirección y generó un poderoso movimiento obrero junto a una naciente burguesía industrialista que chocaba con los intereses terratenientes. Desarrollo industrial que quizás por ausencia de una concepción federal del desarrollo nacional, quedó concentrada en Buenos Aires y alrededores.

            Se consolidó entonces un movimiento popular nacionalista, católico, industrialista, antibritánico,  antioligárquíco y anticomunista que se desarrolló y condujo el general Perón durante 10 años y más.  La clase obrera pasó a ser peronista, conciliadora de clase y beneficiaria de la sindicalización y de los beneficios de obras sociales que rigen hasta hoy. Si bien no hubo una participación e integración de los trabajadores en la gestión y participación  de las empresas estatales ni en las grandes empresas privadas, a pesar de estar establecida en la Constitución.

            Se logró un extraordinario desarrollo de la industria liviana cuyo centro neurálgico fue quizás el Instituto Mecánico Aeronáutico de Córdoba, y en Rosario y los Partidos del conurbano bonaerense.

            El proceso posterior marcado por los golpes de Estado, Dictaduras (hubo de hecho un Partido cívico-militar) y gobiernos democráticos débiles, explican el largo proceso de recurrentes crisis políticas de nuestro país,  que tienen una raíz económica y la aparición de sectores  capitalistas de burguesía nacional beneficiados de ese desarrollo industrial, que más tarde entrarían en colisión con la clase trabajadora, (por el salario y sus derechos adquiridos)  hasta el día de hoy.

            Y  el poder económico se fue concentrando cada vez más. Nuestro país se consolidó  agrodependiente como su principal recurso;  su endeudamiento externo crecía año a año, y finalmente la reconstrucción post guerra europea y la hegemonía de los Estados Unidos –el verdadero triunfador de la IIª guerra- despojó al capital británico en nuestro país. Pasamos a ser dependientes principalmente  del capital y de la industria europea y norteamericana en los últimos 40 años del siglo XX.

            Todo el siglo XX marcado por la guerra fría y la “coexistencia pacífica” después entre EE.UU. y la URSS fue cambiando en nuestro país la composición de las clases burguesas dominantes. El sector terrateniente continuó disponiendo de una gran parte del poder entre las clases dominantes, en una alianza de hecho con las multinacionales de granos hegemónicas encabezadas por Bunge & Born primero y Cargill después en la exportación y las grandes corporaciones de semillas, agroquímicas y maquinarias. Desde la mitad del siglo XX hasta el día de hoy, se fue desarrollando  la gran burguesía “argentina” ligada al capital extranjero.

            Así es donde se muestra de manera clara y significativa en el Estado,  el poder del Poder Ejecutivo en las decisiones económicas.

            Las empresas constructoras y el poder comercial mas el poder financiero  generó una clase de gran burguesía que al parecer es dominante entre las demás clases de la pequeña burguesía que creció con la formación de cientos de miles de pequeñas y medianas empresas.

            Por otra parte, el sector dominante de la economía argentina en poder de empresas extranjeras (automotriz, maquinaria, petroquímica, siderúrgica, farmacéutica, electromecánica, petrolera, etc.)  creó una clase social burguesa que se refleja en la distribución de la riqueza en nuestro país: barrios cerrados, consumo de alto nivel, viajes al exterior, compañías privadas de aviación, countries, grupos de inversión financieros, etc. etc.)

            Bajo esta situación y el carácter del desarrollo que engendró, el crecimiento de Buenos Aires fue acelerado e hiperconcentrado respecto al resto del país.

            Se ha creado un “Estado” gigante, una Justicia degradada y un Poder Ejecutivo monstruoso con más de un millón de empleados en su mayor parte en Buenos Aires.

            El Poder Ejecutivo fue el artífice de los negocios. La Justicia, conformada por la misma clase social burguesa, acompañó el modelo del Estado.

            Se probó en la práctica la certeza de que el Poder Ejecutivo es el Consejo General de los negocios de la burguesía en el Estado moderno.

            La generalizada corrupción estatal-privada que observamos en todo el mundo, como en España, Italia, Francia, que se llegan a conocer, y el charco de la corrupción en Argentina, Brasil, Mexico y otros países con el caso Odebrecht y los Panama papers, es la mayor evidencia de que este sistema favorece y engendra la corrupción.

            Otorga y maneja los negocios de todas las grandes empresas de la construcción, la energía, y según la tendencia de cada gobierno, la distribución de los recursos hacia las clases no poseedoras, trabajadoras bajo formas de asistencialismo, en función de la disponibilidad de los recursos y fondos nacionales.

            Simultáneamente, y en particular desde el desguace del Estado bajo el gobierno “justicialista” de Menem-Cavallo, hasta el presente, se enriqueció en forma constante la gran burguesía que desde los años ’50 creció a la sombra del Estado. Salvo entre los años 1940/1960 cuando fue el capital del Estado el que llevó adelante la construcción de la infraestructura, obras públicas y viviendas en la Argentina (Agua y Energía, Gas del Estado, YPF, Banco Hipotecario, Instituto Mecánico aeronáutico de Córdoba, ferrocarriles argentinos y talleres ferroviarios, Junta Nacional de granos, Educación pública gratuita incluso universitaria, hospitales y salud pública, etc. etc.) a partir de los golpes de Estado de 1955  todo fue desapareciendo y pasando a manos privadas, resultando un crecimiento acelerado de esa gran burguesía poseedora que fue acumulando capital financiero y controlando los grandes negocios inmobiliarios.

            Fueron creciendo así los viejos grupos económicos del tipo de los Bunge & Born,  Roggio (centenario) Pérez Companc, Wherthein, Techint, (los Rocca ahora con sede en Luxemburgo), Riva, los Braun Menendez (comerciantes, terratenientes y banqueros), banqueros y grandes importadores.

Y más adelante ya en la era menemista los Eurnekian, los Macri (IECSA),  Elztain, Andreani, los COTO, junto a la invasión de las empresas extranjeras (supermercados, telefónicas, distribuidoras de electricidad y gas, electrónicas, etc. etc.  Se conforman en es período los grandes grupos terratenientes bajo la forma de Sociedades Anónimas, Feedloteros, etc.

Y los nuevos  gran burgueses: López, Ferreyra, Báez, Constantini, Eskenazi, Banco Macro,etc.

La agrodependencia argentina se consolidó con la demanda china de la soja y sus derivados y a nuestra histórica dependencia financiera e industrial de Europa y los EE.UU. se sumó la de China, en una ardua disputa actual.

Se produjeron las fusiones entre el capital comercial y los bancos, extranjeros en su mayoría, y en medio de toda esa conformación de gran burguesía, en el marco de la globalización financiera aparece velado el negocio del lavado de dinero del narcotráfico y de la fuga del capital argentino hacia el exterior.

            Quizás el escenario más claro y evidente de la relación entre el poder político de un Gobierno y los negocios de la burguesía y la gran burguesía, sea el actual gobierno que logró conquistar el poder político y económico más poderoso: la Capital, la Nación y  la provincia de Buenos Aires, como un símbolo del triunfo histórico de “Buenos Aires”  de Mitre y Roca y la derrota del Federalismo.

            Los negocios del presidente y sus familiares y los ministros como Dietrich, Braun, Bullrich, Aranguren, y de todos los estamentos gubernativos pertenecientes al sector económico de la gran burguesía poseedora y capitalista, favorecidos por las leyes que hacen de la propiedad privada de los medios de producción la garantía de sus negocios, (que el Poder Judicial defenderá) muestran que el Poder Ejecutivo de la Nación, es el Consejo general determinante en los negocios de la burguesía, como lo señalaron los teóricos socialistas de fines del siglo XIX y a lo largo de la primera mitad del siglo XX.  El gobierno actual “heredó” también la entrega delk petróleo argentino a las más grandes compañías extranjeras como Chervron, British, Panamerican Energy, Total y una china.

 La globalización capitalista financiera, industrial y de la energía  que domina el mundo actual mediante la estructura que se reúne en Davos para regular la economía de Occidente en su disputa con China y Rusia, favorece los negocios internacionales y la fuga de divisas. Que se expresa en la existencia de numerosos paraísos fiscales.

Según datos oficiales hay más de 300 mil millones de dólares de capitales argentinos fugados a Europa en los últimos 30/50 años; una suma desconocida en los paraísos fiscales creados por la banca mundial en Panamás, Sycheles, Andorra, además de la muy santa Suiza, y en otras cuevas financieras para el lavado.

El propio presidente argentino emigró dinero quizás mal habido desde Argentina. Y los grandes negocios de su padre Franco, ya le pertenecen junto a sus hermanos y primos como Calcaterra.

El blanqueo de capitales reciente  generó 10 mil millones de dólares a las reservas, décima parte de las divisas fugadas que vuelven a estar “limpias”.

En este marco del Estado moderno, se desarrolla actualmente la mayor corrupción que hasta fines del siglo XX se desconocía,  gracias a algunos arrepentidos y  “hackers” que penetraron en los Bancos y  áreas diplomáticas para denunciar estos grandes negociados.

            La corrupción es hija del sistema y del manejo discrecional –al menos en Argentina- que tiene el Poder Ejecutivo –sea del Partido que fuere-  por los poderes que tiene el presidente del manejo de los recursos nacionales que paga el pueblo con sus impuestos al consumo, a la vivienda, al agua, la energía, etc.

            El Poder Ejecutivo de turno es el que maneja y decide finalmente los negocios. Las relaciones políticas del P.E. con empresarios de los medios de comunicación, con los jueces amigos, porque coinciden en su ideología de clase, y en muchos casos  con dirigentes sindicales como los de la construcción, metalúrgicos, de la energía, transporte, bancarios, etc. por intercambio de prebendas.

            Fue durante el período menemista donde se enriquecieron dirigentes sindicales  claves como bancarios, de Luz y Fuerza, etc. que se transformaron en millonarios y hasta formaron sus propias AFJP.

            Si se investigara el enriquecimiento de aquellos “líderes” sindicales y sus descendientes, se vería la evidencia.

            También en los últimos años han surgido dirigentes sindicales, que  junto a la defensa del salario han acumulado riquezas propias a través de la Obra Social de su Sindicato, mediante la adhesión  al poder político de turno. Lo mismo ha sucedido en las últimas décadas con los Intendentes del Gran Buenos Aires que manejan sus distritos como pequeños feudos para sus intereses. Estos sectores se constituyen en socios políticos y beneficiarios de fondos en nombre de los trabajadores y de su pueblo.

 

El Papa, el capitalismo y La Nación

            El Papa Francisco ha denunciado el modelo actual de rapiña y explotación de los pueblos del capitalismo (sin nombrarlo) con sus consecuencias de pobreza y degradación. También ha señalado el Cambio Climático como una consecuencia del modelo de desarrollo económico actual.  Por eso es que en los últimos dos años se combate al Papa desde diversos sectores con acusaciones desde la periferia ultra reaccionaria  del Vaticano y también en nuestro país.

            El diario La Nación arremete contra el Papa en su editorial del 5 de marzo pasado y lo hace en defensa del Capitalismo.

            Es el diario de los descendientes de Mitre, el estadista más probritánico de la Argentina. Aquel que levantó al Ejército para imponer su candidato a presidente como sucesor de Sarmiento y que fuera derrotado en la batalla de Santa Rosa. Claro que después el Congreso decretó una amnistía para evitar su condena.

            Critica el diario de Mitre a la prédica del Papa Francisco a quien acusa de combatir al Capitalismo en sus discursos, a pesar dice que la doctrina social de la Iglesia reconoce el derecho de propiedad.

            El fundamento de La Nación es que “la búsqueda de lucro es una actitud natural (sic) del hombre”.  Afirma que es “la potencia creadora del derecho de propiedad”.

            El editorial del diario data el nacimiento del capitalismo en las revoluciones burguesas que terminaron con los absolutismos, cosa que la historia moderna sigue negando. Ignora por cierto La Nación el nacimiento de la clase obrera, desde el levantamiento  de las tejedoras de Lyon, la lucha centenaria por las 8 horas (que hoy sigue vulnerada en la mayoría de países del mundo no industrializado) y las conquistas parciales de los trabajadores, que no ha logrado aún liberarse de la explotación capitalista.

            Dice  La Nación que la “riqueza estática”  del feudalismo “Fundada en la tierra, la esclavitud y las conquistas fue sustituida por la creación industrial, el comercio, etc.”  Así, “la potencia del capitalismo es la fuerza del mercado” como si no hubiera habido formas de desarrollo industrial al margen de la explotación capitalista.

            Ignora el editorialista la diferencia entre el capitalismo de libre concurrencia que sucumbió al capitalismo financiero y monopólico del siglo XX y que culminó en la globalización capitalista financiera y las fusiones monopólicas que suceden a diario en el mundo capitalista; por eso es imperialista.

            Ignora La Nación el capitalismo imperialista que ha desarrollado el mayor poder militar de la historia y mantiene guerras locales por el control de los recursos naturales, mineros y de la energía para su propio desarrollo.

            Como se sabe, la industria armamentista es la más poderosa de los Estados Unidos (y quizás en Rusia también) y no ha dejado de crecer desde el fin de la IIª guerra mundial.

            Asistimos pues a una campaña política contra el Papa,  coincidente con la jerarquía vaticana más reaccionaria y pedófila  contra las medidas de Francisco por una Iglesia más humana y junto a los pueblos.

            Es la primera vez que llega al Papado un hombre que cambia la orientación “terrenal” de las jerarquías vaticanas sostenedoras del statu quo con los poderes del sistema capitalista.

            Lo que no quiere decir que el Papa sea partidario de revoluciones socialistas ni que abandone la teología creacionista  que sostiene las religiones. Un Papa que –creemos- no apoyará las políticas que nacieron con el liberalismo filosófico que engendraron el neoliberalismo.-

           

Fin de fiesta

            Los últimos sucesos políticos en el campo popular, que culminaron con la gran marcha del 7 de Marzo, y el paro nacional del 6 de abril, muestran  junto a las luchas populares  en la superficie,  las nuevas y grandes contradicciones en el Movimiento que supo ser la columna vertebral del peronismo.  Peronismo que  hoy ha  bajado u olvidado las grandes banderas del peronismo original como el “justicialista” Menem que giró 180 grados las políticas del General Perón.

            El neoperonismo se enseñorea en el debate que atraviesa todos los sectores sindicales, políticos y movimientistas que reivindican el “peronismo”. Desde la burguesía comercial e industrial, políticos y sindicalistas  hasta los asalariados que se autodefinen como tal, con expresiones variopintas como  Camporistas, kristinistas,  Evitistas, justicialistas, duhaldistas, Saaistas,  peronistas “renovadores” como los Uturbey o Massa, etc. etc. sectores que han entrado en ebullición y que marcarán las disputas durante los años que corren.-

Partido Socialista Argentino – Marzo 2017

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