ARGENTINA Y LA SITUACION MUNDIAL

El Gobierno y la transición

Noviembre 2014

               Mientras el teórico nacional de la globalización capitalista, industrial y financiera, Jorge Castro, derrocha elogios a la Nave conductora del Capitalismo, los Estados Unidos, la jefa de la Reserva Federal  (Clarín  18/10) se preocupaba porque la concentración de la riqueza en los Estados Unidos aumentaba cada año y el 5% de la población gozaba de niveles de vida y de riqueza nunca antes registrada.  Simultáneamente el presidente Obama, manifestaba que el salario medio de los trabajadores debía elevarse.

               En la Unión Europea el estancamiento general de la economía con Alemania con un 0,1 de crecimiento de su PBI para el año corriente, generaba la crítica del premio Nobel 2001  Joseph Stiglitz señalando  la depresión de las economías como la de España o Grecia donde más del 50% de los jóvenes no consigue trabajo.

               Después de un verano donde España recibió casi 50 millones de turistas, y Grecia algo menos, sigue con un desempleado cada cuatro personas en edad laboral.

               Sucede que los economistas y analistas del capitalismo de todo el mundo jamás hablan del salario medio promedio de los trabajadores ni de la plusvalía en  cada país, (factor esencial de la acumulación del capital) ni de los desempleados que pagan con ese estado la crisis, y menos aún se refieren a la poderosa industria armamentista, vanguardia de la gran industria del capitalismo encabezado por EE.UU., Rusia, seguidos de Londres, Francia y ahora Alemania y China.

               El estancamiento de las economías industriales de la Unión Europea en su 2º o tercer año consecutivo, potenció o galvanizó el crecimiento de China, el primer exportador de capital en la actualidad y 3º de mercancías industriales.

               El petróleo sigue siendo el buque insignia de la economía capitalista a partir de una nueva era de desarrollo a partir de la explotación no convencional que lidera Estados Unidos, lo que agravará ostensiblemente la contaminación del medio ambiente  que está provocando el cambio climático que ya se aprecia en todo el planeta.

Arabia Saudita, la dinastía más antigua aliada al imperialismo norteamericano, busca ahora nuevos mercados mientras arde la lucha en Irak, Siria y Turquía se va involucrando en la contienda. El grupo fundamentalista shiita del nuevo Califato, armado hasta los dientes por los petroleros islámicos del mundo árabe, han creado un conflicto generalizado que envuelve cada vez a más países sumiéndolos en una guerra civil ampliada con destino incierto.

                

               El Gobierno argentino argumenta que la crisis mundial repercute en nuestro mercado y en las relaciones comerciales.

               Desde luego.  No vivimos en una gran isla autosuficiente. Somos un país agrodependiente y de desarrollo industrial atrasado. El ejemplo es el precio de los commodities que exportamos que ahora se volvió en contra a diferencia del período 2004/2012. Además dependemos en forma absoluta de las flotas comerciales extranjeras. Por otra parte, no somos  formadores de precios, nunca lo fuimos ni en carnes, ni en soja, ni limones ni peras.

 El desarrollo industrial argentino fue abortado  gravemente en tres momentos históricos. El primero a partir de 1956 con el ingreso al FMI  y el inicio del desguace de la gran industria de las empresas como el IAME de Córdoba; Frondizi hizo lo suyo con el ferrocarril mientras abría el país a la industria automotriz, el petróleo y las autopistas. Dejábamos así de producir aviones, automóviles, tractores, motocicletas, y químicos nacionales.

               Años más tarde seria la Dictadura fascista con Martínez de Hoz, que continuó desguazando el  Estado y privatizando otros sectores de las empresas estatales.

               Pero fue el gobierno justicialista liberal de Menem y el equipo de Cavallo quienes culminaron el desguace de las empresas estatales que llevaron décadas desarrollar. La siderurgia y el petróleo, la Flota Mercante, etc.,  se remataron y se abortó un desarrollo industrial que si bien era incompleto, podía ser desarrollado en un momento en que se producía el inicio de la informatización de los procesos industriales y las comunicaciones se aceleraban y globalizaban. Proceso que fue apoyado por todo el arco Justicialista, incluyendo al “kirchnerismo”,  salvo algunos sectores del movimiento obrero y sindical.

               Nuestra agrodependencia se muestra hoy en forma más dramática por la caída de precios internacionales de la soja, el maíz y el trigo, cosa que sucedió –cíclicamente-  siempre; recordemos lo que sucedió al gobierno de Alfonsín, que pagaba “religiosamente”  una deuda externa brutal y tenía los precios más bajos de las commodities.  La soja cayó de 450 a 300 dólares como consecuencia de la superproducción norteamericana y otros factores.  Y la eficiencia productiva está disminuida por el proceso sojización industrial y la falta de rotaciones y cultivos de cobertura. La próxima campaña requerirá un costo agregado en fertilizantes del 10 al 20 por ciento.

               La pérdida del autoabastecimiento energético cuya responsabilidad cae directamente en este gobierno,  ( tanto Kirchner como la actual Presidenta aprobaron  la entrega de Menem a Repsol)  y es otro factor de la crisis económica actual y el proceso inflacionario. En los primeros años de ese gobierno Repsol sacó todo el petróleo que quiso de las áreas centrales que YPF descubrió en 50 años y así incrementó las arcas del gobierno por los beneficios de superávit comercial.  Después del desaguisado de Kirchner con la incorporación del “burgués nacional” Esquenazi en YPF,  decidieron tardíamente comenzar a recuperar YPF. Más, la nueva ley petrolera “salvavida” está dando a las empresas petroleras concesiones leoninas en Vaca Muerta como en Cerro Dragon.

              

               Los sobrepagos al Club de París, a Repsol  y el futuro pago a los fondos buitres están agotando las reservas argentinas que no son sino el resultado del trabajo nacional.

               El dominio de la mayor parte de la estructura productiva industrial el país, por parte de las corporaciones extranjeras  (leer notas sobre la Concentración económica) contra las cuales el gobierno despotrica habitualmente pero tan solo les pone una multa de vez en cuando, es otra causa de la fuga de divisas.

               La inflación es el resultado principal de los factores apuntados. El Gobierno buscó durante el año 2014 recobrar la “credibilidad” exterior manifestándose como un “pagador serial” y de esa manera volver a los mercados financieros recreando un proceso nuevo de endeudamiento.  La Presidenta repite en cada discurso que pagamos más de 150 mil millones de dólares bajo diversas formas. Es decir, las superganancias de los bancos y empresas extranjeras y de los gran burgueses –viejos y nuevos- que según el propio Banco Central  han fugado 100.000 millones de dólares en los últimos 20 años.

               Nos preguntamos: ¿de donde salió esa masa dinero si no es de los trabajadores que transforman los recursos y materias primas y las transforman en bienes y servicios?

               El Gobierno continúa denostando a las “corporaciones” y a la “concentración económica”  mientras sigue  dando concesiones leoninas a las empresas petroleras norteamericanas, a Bridas, British, la china, y la francesa, como en Cerro Dragón.

               Ataca al “campo” englobando a la masa de pequeños productores con los terratenientes como “las patronales del campo”, mientras tanto les pide a las multinacionales que dominan la exportación, que les adelanten los dólares de las exportaciones. Y reniegan de la reacreación de una Junta Nacional y Federal de Granos que permita pagar un precio sostén y desplazar a las multinacionales de la exportación.

               Tampoco quiso o pudo iniciar un verdadero plan de sustitución de importaciones industriales en todas las ramas de la industria, pretextando que la estructura existente que perduró hasta los inicios del gobierno de Menem, está obsoleta tecnológicamente. Sin embargo, existen numerosos técnicos y profesionales que sostienen que es posible hacerlo en la industria ferroviaria, naval, electromecánica y de obras de generación eléctrica.

               El Gobierno parece ignorar que el sistema capitalista globalizado, bancario y financiero continuará exaccionando a los países, apoyando a las empresas multinacionales que explotan y saquean los recursos mineros, madereros, y agrícolas. Porque simplemente, está en la naturaleza y en la esencia de las potencias imperialistas.

               Ni el gobierno actual ni los partidos liberales o neoliberales que pueden surgir en el 2015 cambiarán la estructura agrodependiente y continuarán endeudando al país.-